Encontrarse bien con uno mismo es un problema de no sencilla resolución. Los niños cada vez encuentran un mundo más informatizado y sofisticado, que proporciona medios de entretenimiento sin necesidad de tan siquiera levantarse de la cama.
Sin embargo, los índices de descontento infantil crecen, hayando las expresiones máximas de este fenómeno en el aumento de la depresión y del suicidio infantil, ¿qué nos esta pasando?
La desafección por la enseñanza en las escuelas es clara y notoria en la mayoría de los jovenes. Esta problemática se ve reflejada en una disminución del rendimiento académico, así como un malestar e incomodidad cada vez que en el calendario comprueban que al día siguiente hay que volver al colegio.
No valen reflexiones del tipo: "es que los jovenes de ahora no muestran interés por nada", "la generación de cristal"... lo cierto, y verdad, es que no hay cambios genéticos en nuestros jovenes que hagan pensar que son menos capaces que sus abuelos. La sociedad es la que ha cambiadao y, tal vez, el sistema educativo no haya conseguido ser eficaz en su esfuerzo de integrar a los nuevos alumnos a las enseñanzas obligatorias.
Así, un gran porcentaje de estudiantes, encuentran que lo que aprenden en el colegio no les resulta útil en la vida real y que tampoco les suscita interés. Recuperar la sintonía del estudiante con la docencia obligatoria es de vital importancia para invertir la tendencia al alza de la desafección escolar así como de los problemas psicológicos derivados, directa o indirectamente, de la misma.
Ese es uno de los grandes frentes que se deben abordar por un profesor particular: mostrar lo bonito que puede una determinada área de conocimiento en la que se están impartiendo sus clases. No es tarea sencilla y, en la mayoría de las ocasiones, resulta más efectivo relegar el exito a la superación de uno o dos exámenes claves en el curso académico del estudiante.
Sin embargo, el éxito a largo plazo resulta de comprender la importancia y utilidad, que sin duda, aportan cada una de las asignaturas que reciben los jovenes en escuelas e institutos.
Sin duda, el sistema educativo debe afrontar una reforma profunda que adecue, de una forma efectiva, las nuevas necesidades que la sociedad demanda a los conocimientos impartidos en las aulas. Tres de los ejemplos que resultan más relevantes son: informática y programación, cocina y gestión de las emociones.
Estas reformas pueden ayudar a que el estudiante sienta que los conociemientos adquiridos están en consonancia con la demanda de habilidades del día a día.
Es importante poner el foco sobre la ayuda psicológica que reciben nuestros niños, niñas y adolescentes en las aulas. No es casual que el consumo de ansiolíticos se este normalizando en la sociedad. En el caso que nos ocupa, los alumnos de enseñanza obligatoria, la solución radica en proporcionarles asistencia psicológica en sus centros. Por un lado, el rendimiento académico se verá beneficiado. Pero, lo más significativo, proporcionar las herramientas de gestión de las emociones a nuestros jóvenes ayudará a la incorporación de los mismos a la vida laboral y adulta.
En definitiva, el profesor particular debe llevar a cabo una labor que apunte en diferentes direcciones: en primer lugar tiene que facilitar herramientas de aprendizaje, en segundo debe comprender la situación psicológica que presenta el alumno, escuchando y apoyando cada una de sus revindicaciones, y en tercer lugar, debe de enfatizar los aspectos que pueden conectar al alumno a la docencia impartida. Estos tres frentes son claves en el éxito futuro del alumno en el sistema educativo y, sin lugar a dudas, en la vida.