Mi relación con la música comenzó principalmente desde el lado del músico: tocando el bajo, formando parte de bandas y proyectos de estilos muy diferentes y aprendiendo música a través de ensayos, conciertos, grabaciones y del contacto con otros músicos. El jazz, el rock, el folk, la música tradicional y el heavy metal han formado parte de ese recorrido.
Con el tiempo, la enseñanza fue ocupando...
Mi relación con la música comenzó principalmente desde el lado del músico: tocando el bajo, formando parte de bandas y proyectos de estilos muy diferentes y aprendiendo música a través de ensayos, conciertos, grabaciones y del contacto con otros músicos. El jazz, el rock, el folk, la música tradicional y el heavy metal han formado parte de ese recorrido.
Con el tiempo, la enseñanza fue ocupando un lugar cada vez más importante en mi vida profesional. Empecé a trabajar no solo con bajo, sino también con guitarra, ukelele y otros contextos de aprendizaje musical, dando clases a niños, jóvenes y adultos, individualmente y en grupos.
Esa experiencia me llevó también hacia otras formas de enseñar y vivir la música. He trabajado con combos y conjuntos, preparando repertorio y arreglos adaptados a diferentes alumnos, y desarrollando actividades y talleres de percusión corporal, donde el ritmo, el movimiento, la coordinación, la escucha y el aprendizaje colectivo pasan a formar parte de la experiencia musical.
Trabajar con niños, adultos, grupos y también con profesores y educadores fue despertando en mí una pregunta que hoy ocupa una parte importante de mi trabajo: ¿cómo aprendemos realmente música?
Por eso, además de enseñar, estudio de forma continua pedagogía musical y ciencia del aprendizaje. Me interesan especialmente la memoria, la atención, la lectura musical, el entrenamiento auditivo, la práctica instrumental y las estrategias que utilizamos para aprender. También me interesa cómo adaptar la enseñanza cuando distintas personas encuentran dificultades diferentes.
Todo esto ha cambiado mi manera de dar clase. Intento no limitarme a decir al alumno qué tiene que tocar. Trabajamos también cómo aprenderlo: identificar el problema, dividir una dificultad compleja en pasos manejables, elegir una estrategia, comprobar si funciona y modificarla cuando sea necesario.
Esto también está presente cuando trabajo con profesores y educadores: no se trata solamente de proporcionar canciones o actividades, sino de pensar cómo organizar el aprendizaje y cómo utilizar la música y los instrumentos como herramientas educativas.
Hoy entiendo mi trabajo como la unión de todas esas experiencias: músico, profesor y estudiante permanente de cómo aprendemos música. Mi objetivo es que cada alumno pueda tocar, escuchar y comprender mejor, pero también que vaya descubriendo cómo aprender con cada vez más autonomía.
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