Soy Enrique, profesor de Economía y Matemáticas.
Estudié Economía porque desde joven me fascinaba entender cómo se mueven las decisiones, los mercados y, sobre todo, las personas. Me parecía —y me sigue pareciendo— que la economía es una forma de mirar la realidad y descubrir patrones, incentivos y consecuencias que a simple vista no se ven.
Pero con el tiempo comprendí algo fundamental: de nad...
Soy Enrique, profesor de Economía y Matemáticas.
Estudié Economía porque desde joven me fascinaba entender cómo se mueven las decisiones, los mercados y, sobre todo, las personas. Me parecía —y me sigue pareciendo— que la economía es una forma de mirar la realidad y descubrir patrones, incentivos y consecuencias que a simple vista no se ven.
Pero con el tiempo comprendí algo fundamental: de nada sirve acumular conocimiento si no se comparte. Por eso cursé el Máster en Educación. Quería aprender a enseñar, sí, pero también a conectar, a escuchar y a crear un espacio donde las ideas difíciles se vuelvan accesibles sin perder su riqueza.
Para mí, enseñar no es repetir fórmulas ni dictar definiciones. Eso lo hace cualquier libro o cualquier vídeo de internet. Enseñar es mucho más: es despertar curiosidad, tender puentes entre conceptos aparentemente alejados y mostrar que detrás de cada número hay una historia, y que esa historia tiene una lógica que se puede entender paso a paso.
Disfruto especialmente de ese momento mágico en clase cuando un alumno frunce el ceño, duda, pregunta… y de repente sus ojos se iluminan y suelta: "¡Ahora tiene sentido!". Ese instante de comprensión es, para mí, la mejor recompensa. No hay nada igual.
Por eso no me conformo con que mis alumnos aprueben un examen. Quiero más: quiero que se lleven una forma de pensar, que aprendan a hacerse preguntas, a dudar con método y a encontrar respuestas por sí mismos. Quiero que vean la economía y las matemáticas como herramientas para entender el mundo, no como obstáculos que hay que superar.
Cada clase es una oportunidad para demostrar que entender cambia la forma de mirar la realidad. Y esa mirada nueva, una vez que aparece, ya no se va.
Esa es mi pasión. Ese es mi compromiso.
Cada clase es una oportunidad para demostrar que entender transforma la mirada. Y esa transformación, aunque empiece en el aula, no termina nunca.
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