He tomado clases con Isabel durante tres años y ha sido una experiencia maravillosa. He aprendido con ella todo lo que en la universidad nunca se tomaron la molestia de enseñarme.
El apoyo que he recibido de Isabel ha sido fundamental para mi aprendizaje. En muchas universidades, las clases de latín se dan con prisas, sin acompañamiento real y esperando que el alumnado sobreviva por cuenta propia. Todo queda en manos del estudiante, como si el esfuerzo personal pudiese compensar el desinterés institucional.
Por eso recomiendo las clases con Isabel que complementan y corrigen las deficiencias de los cursos universitarios.
Yo ya he terminado con latín, pero quiero continuar aprendiendo con Isabel porque es un idioma precioso si se enseña con cariño. Isabel no solo enseña latín, también contagia su amor por el idioma. Con Isabel, el latín se convierte en algo vivo y bonito.
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