Recibir clases a un precio insignificante es el objetivo.
Eso es lo que ocurre cuando la relación entre el coste de recibir una clase y el valor de esta, están lo más alejados posible.
Bien, esa es la premisa que mantengo en todas mis clases, conferencias, ponencias y formaciones.
Procuro cobrar más caro que el resto por varias razones:
- Aumento el grado de compromiso del que asiste. - La ex...
Recibir clases a un precio insignificante es el objetivo.
Eso es lo que ocurre cuando la relación entre el coste de recibir una clase y el valor de esta, están lo más alejados posible.
Bien, esa es la premisa que mantengo en todas mis clases, conferencias, ponencias y formaciones.
Procuro cobrar más caro que el resto por varias razones:
- Aumento el grado de compromiso del que asiste. - La expectativa es mayor, lo cual se traduce en atención sobre lo que cuento. - El alumno tiene mucha más predisposición a aprender y a absorber conocimiento.
Al final de las clases mi problema siempre es el mismo: no haber cobrado más, porque la sensación siempre es igual: "Me parece barato haber pagado 100 euros por esto" (palabras de una alumna de ESIC que asistió a una formación sobre Cómo Hablar en Público como un Experto)
Dicho esto, estamos a una llamada o un mail de distancia.
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