El fútbol no me lo enseñaron en un aula. Me lo enseñó la calle.
Empecé a patear una pelota a los 5 años en Argentina, en esos potreros donde no hay líneas, no hay árbitros, no hay excusas — solo la pelota, la tierra, y las ganas de mejorar cada día. Ahí aprendí lo que ningún manual enseña: la picardía, el uno contra uno, la gambeta de necesidad, el sacrificio sin público.
Durante 15 años jugué de...
El fútbol no me lo enseñaron en un aula. Me lo enseñó la calle.
Empecé a patear una pelota a los 5 años en Argentina, en esos potreros donde no hay líneas, no hay árbitros, no hay excusas — solo la pelota, la tierra, y las ganas de mejorar cada día. Ahí aprendí lo que ningún manual enseña: la picardía, el uno contra uno, la gambeta de necesidad, el sacrificio sin público.
Durante 15 años jugué de forma semiprofesional, y cada partido, cada entrenamiento, cada derrota y cada gol me fueron formando como jugador y como persona. Después vino el momento de dar: me sumé como asistente técnico en categorías formativas, acompañando el crecimiento de chicos que tenían exactamente lo mismo que tuve yo de pequeño — ilusión, energía y ganas de aprender.
Hoy estoy en Palma de Mallorca con una sola misión: transmitirte todo eso.
No te voy a enseñar fútbol desde un pizarrón. Te voy a enseñar desde el pasto, desde el sudor, desde el disfrute real del juego. Cada clase es un potrero: un espacio donde se puede equivocar, intentar, caer y levantarse mejor.
Si sos niño, te voy a enamorar del fútbol para siempre. Si sos joven, vamos a pulir lo que ya tenés. Si sos adulto, te voy a recordar por qué amabas este deporte.
El potrero no es un lugar. Es una forma de entender el fútbol. Y eso es exactamente lo que te ofrezco.
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