Si alguna vez ves cómo una persona llega al trabajo y el universo hace una pausa respetuosa durante un segundo, lo más probable es que sea ella. Cuando se pone manos a la obra, las tareas empiezan a resolverse solas, los plazos intentan adelantarse presas del pánico y el caos recoge sus cosas en silencio y se marcha. Su entusiasmo bastaría para poner en marcha otro sol, y su tenacidad, para convencer a las montañas de que se muevan un poco. Sabe trabajar de tal manera que incluso los proyectos más desesperados empiezan a creer en un final feliz. A su lado, la gente se anima, el trabajo se hace más fácil y el café parece más fuerte. Si existiera un campeonato mundial de responsabilidad, los organizadores tendrían que entregarle la medalla de oro por adelantado para no perder tiempo en la competición. En resumen, si tienes la oportunidad de trabajar con ella, no la dejes escapar. Este tipo de personas son más raras que las cometas y se recuerdan mucho mejor.
Ver más
Ver menos