Creo que la mayoría de los alumnos no es que no valgan para las matemáticas, es que necesitan que alguien se pare con ellos, les dé un voto de confianza y les ayude a quitarse ese miedo de encima. Para mí, lo más importante es crear un buen ambiente en clase, un espacio seguro donde nadie tenga vergüenza de preguntar y donde podamos avanzar al ritmo que cada uno necesite, sin prisas ni presiones....
Creo que la mayoría de los alumnos no es que no valgan para las matemáticas, es que necesitan que alguien se pare con ellos, les dé un voto de confianza y les ayude a quitarse ese miedo de encima. Para mí, lo más importante es crear un buen ambiente en clase, un espacio seguro donde nadie tenga vergüenza de preguntar y donde podamos avanzar al ritmo que cada uno necesite, sin prisas ni presiones.
A mí me gusta ir al grano y atacar las mates desde un punto de vista súper práctico. Pasamos el tiempo justo y necesario con la teoría, porque tengo claro que las dudas de verdad salen cuando te pones a hacer ejercicios y a mancharte las manos. Ahí es donde realmente se aprende.
Para asegurarme de que todo se entiende perfectamente, mis clases son muy dinámicas. Nada de soltar un monólogo aburrido; prefiero que los alumnos tengan voz, que guíen la clase, propongan sus propias ideas y busquen sus caminos para resolver los problemas. Al final, cuando entienden el "porqué" de las cosas, la cabeza les hace clic. Ver cómo recuperan la seguridad, pierden el agobio y hasta le pillan el gusto a la asignatura es, de lejos, lo mejor de dar clases particulares.
Además, hasta hace muy poco era yo quien estaba al otro lado de la clase, siendo alumna, y comprendo muy bien la dificultad en hacer preguntas a los profesores o el tratar de avanzar a pesar de no tener las cosas del todo claras.
Ver más
Ver menos