Creo que fue su voz lo que me embriagó.
En un principio tenía la intención de aprender algunos conceptos básicos sobre cinemática, pero cuando empezaron las clases no pude evitar sentirme frágil, no por la materia, que es compleja en sí misma, sino por la capacidad de la profesora para hacer del hastío de estudiar una brevedad casi imperceptible, pero tan dulce como saber que el sueño se escapa entre los dedos esperando volver a repetirse.
Cuando me presenté al examen no sabía muy bien si iba a ser capaz de responder a las preguntas, con arreglo a lo que ella me había enseñado, pero creo que, de alguna forma, volví a ese estado en el que me imbuía al estar con ella, y, viendo como se desdibujaban los contornos de la realidad, recuperé un momento de lucidez y respondí las preguntas en, aproximadamente, 25 segundos.
Fue inaudito. Algunos compañeros se extrañaron conmigo. Incluso el profesor debió hacer algún comentario al respecto. Pero al ver la calificación, todos se preguntaron cóm
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