Cuando llegamos a Eunice, al principio del tercer trimestre, ya no tenía hueco para nadie más. Nosotras llegábamos prácticamente rezando por un milagro.
Y, de alguna manera, nos abrió un espacio.
Desde el primer momento trabajó con mi hija con esa combinación que no se puede fingir: amor por el oficio, una metodología que funciona y un verdadero don para enseñar. No se limita a explicar una materia hasta que se entiende. Sabe observar, adaptarse, encontrar la forma de llegar a cada alumno y acompañarlo sin hacerle sentir que va por detrás de nadie.
Pero reducir a Eunice a una excelente profesora sería quedarse muy corto.
Es una profesional maravillosa y, además, una persona increíblemente humana. Su manera de entender la educación y su visión de la vida son cosas que admiro profundamente. Creo sinceramente que es el tipo de adulta que cualquiera que esté creciendo debería tener la suerte de encontrar cerca alguna vez: alguien que enseña, escucha, exige cuando toca, acompaña
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