En mis clases nadie es invisible y nadie tiene que aprender de la misma manera que los demás. Parto de la idea de que cada alumno aprende de forma distinta, y eso no es un problema: es el punto de partida.Trabajo con una metodología activa, muy práctica y muy visual. Aprendemos haciendo, manipulando, hablando, probando, equivocándonos y volviendo a intentarlo. Uso materiales concretos, apoyos vis...
En mis clases nadie es invisible y nadie tiene que aprender de la misma manera que los demás. Parto de la idea de que cada alumno aprende de forma distinta, y eso no es un problema: es el punto de partida.Trabajo con una metodología activa, muy práctica y muy visual. Aprendemos haciendo, manipulando, hablando, probando, equivocándonos y volviendo a intentarlo. Uso materiales concretos, apoyos visuales, juegos, rutinas claras y actividades que tienen sentido para la vida diaria.
El aula es un espacio estructurado y previsible, donde se sabe qué va a pasar y cuándo, porque eso da seguridad. Pero dentro de esa estructura hay flexibilidad para adaptarnos a cada persona.Los contenidos no se quedan solo en libros o fichas. Trabajamos: Comunicación y lenguaje, autonomía personal, habilidades sociales, emociones, pensamiento lógico y funcional y aprendizajes curriculares adaptados a cada nivel. Todo está conectado con situaciones reales para que lo aprendido sirva fuera del aula.
En clase: Se respeta el ritmo de cada uno, se valora el esfuerzo más que el resultado, los errores son parte del aprendizaje, celebramos los pequeños logros (que en realidad son enormes), trabajo mucho el vínculo, porque aprender es más fácil cuando uno se siente seguro, comprendido y valorado. Tengo experiencia trabajando con alumnado con TEA, TDAH y discapacidad intelectual, y eso me ha enseñado algo fundamental: no hay recetas mágicas, pero sí miradas atentas, paciencia, coherencia y mucho corazón.
Mis clases no buscan que el alumnado “encaje”, sino que crezca siendo quien es.
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