Hola. Llevo ya un tiempo dando clases particulares de matemáticas y, si algo he comprobado, es que casi nadie suspende porque "no sirva para los números". La gran mayoría de las veces, lo que pasa es que el alumno se pierde en un detalle tonto, le da vergüenza levantar la mano en clase y, a partir de ahí, la bola de nieve se hace gigante hasta que la asignatura se le hace bola. Mi trabajo es, pre...
Hola. Llevo ya un tiempo dando clases particulares de matemáticas y, si algo he comprobado, es que casi nadie suspende porque "no sirva para los números". La gran mayoría de las veces, lo que pasa es que el alumno se pierde en un detalle tonto, le da vergüenza levantar la mano en clase y, a partir de ahí, la bola de nieve se hace gigante hasta que la asignatura se le hace bola. Mi trabajo es, precisamente, frenar eso.
Doy clases a chicos y chicas de Primaria, la ESO y Bachillerato. Mi forma de enseñar no es nada milagrosa, pero funciona porque se basa en el sentido común. No me gusta llegar a la casa del alumno, soltar la teoría, mandar cuarenta ejercicios y mirar el reloj. Lo primero que hago siempre es buscar dónde está el atasco real. A veces estamos intentando hacer sistemas de ecuaciones en 3º de la ESO y resulta que el problema es que el alumno arrastra dudas con las fracciones desde Primaria. Hasta que no tapamos esos agujeros de la base, es tontería intentar avanzar. Prefiero invertir dos días en recordar cómo operar con signos, que tirarnos un mes copiando fórmulas de memoria sin saber qué significan.
Esa es mi otra regla de oro: no se memoriza lo que se puede deducir. Si entiendes la lógica de lo que estás haciendo, el día del examen no te vas a quedar en blanco por los nervios, porque sabrás llegar a la solución por ti mismo. Hacemos muchos ejercicios, claro, pero ejercicios clave. Busco que veas las "trampas" que los profesores suelen poner siempre en los controles.
Obviamente, el enfoque cambia según el curso. Con los alumnos de Primaria el objetivo es que no le cojan manía a las mates, que las vean como algo útil y lógico. En la ESO empieza lo abstracto, y ahí me centro mucho en que aprendan a leer bien los problemas y a organizarse los datos antes de lanzarse a calcular a lo loco. Ya en Bachillerato y de cara a la Selectividad (PAU), vamos directos al grano: ritmo alto, practicar con exámenes de otros años y aprender a rascar puntos incluso cuando el problema no te sale perfecto a la primera.
Las clases son de tú a tú. Aquí equivocarse es necesario para aprender y no hay preguntas tontas; si me tienes que preguntar lo mismo diez veces, lo haces, que para eso me pagan. Si buscas a alguien que te eche una mano en serio para aprobar o para subir nota, escríbeme y vemos cómo organizarnos.
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