Ignacio
★★★★★
Después de un año dándole clases a mi hija, de pronto desaparece sin ninguna explicación.
Todo intento de contacto con ella es inútil, porque no responde mensajes ni llamadas, con lo cual ha dejado a mi hija confundida, desilusionada y frustrada.
Es totalmente comprensible y respetable que debido a imprevistos, o a cualquier otro motivo, un profesor decida no seguir adelante con unas clases. Pero por un mínimo de educación, cortesía y deferencia hacia sus alumnos (que además, en este caso, es solo una niña), no habría costado nada, sencillamente, comunicarlo. Decepción total.