Cada alumno/a tiene un punto de partida y unos objetivos distintos, así que la primera clase siempre empieza con una conversación honesta: qué nivel tienes, qué te cuesta, y para qué necesitas el inglés (trabajo, viajes, un examen oficial, o simplemente perder el miedo a hablar). A partir de ahí diseño un plan personalizado. No sigo un manual fijo de principio a fin, porque cada persona aprende d...
Cada alumno/a tiene un punto de partida y unos objetivos distintos, así que la primera clase siempre empieza con una conversación honesta: qué nivel tienes, qué te cuesta, y para qué necesitas el inglés (trabajo, viajes, un examen oficial, o simplemente perder el miedo a hablar). A partir de ahí diseño un plan personalizado. No sigo un manual fijo de principio a fin, porque cada persona aprende de forma distinta.
En las clases combino tres elementos: gramática aplicada (explicada de forma clara, sin jerga innecesaria), conversación real sobre temas que te interesan, y práctica de las situaciones concretas que vas a vivir fuera del aula. Si preparas un examen oficial, trabajamos con material específico y simulacros cronometrados. Si buscas inglés profesional, practicamos correos, reuniones y presentaciones. Si eres un niño o adolescente, uso juegos, canciones y dinámicas visuales para que el aprendizaje no se sienta como una obligación.
Doy mucha importancia a la corrección sin frustración: te corrijo, pero explico el porqué, para que el error se convierta en aprendizaje y no en vergüenza. Mi formación en lingüística aplicada y mi experiencia diseñando cursos para plataformas educativas me permiten adaptar el ritmo y el enfoque constantemente según cómo vas avanzando. Las clases evolucionan contigo, no se quedan estancadas en un temario genérico.
Al final de cada mes, suelo hacer un repaso breve de lo aprendido y ajustar el plan si hace falta. El objetivo no es solo que aprendas inglés, sino que te sientas cada vez más cómodo usándolo.
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