Armand no es un burócrata de la lengua, sino, ante todo, alguien que la paladea y la mantiene constantemente viva en la tensión de los textos que hace leer a sus alumnos, de las palabras que les alienta a escribir y de la música con que los deleita . Armand es un filósofo y un creador que enseña alemán, y lo hace de tal manera que asistir a sus clases constituye un impagable estímulo intelectual. Por favor, no derroche su dinero en academias birriosas que cuestan un ojo de la cara, ni lo emplee en profesores cuya gran aportación se limita a vomitar perogrulladas de manual. Asista a las clases de Armand, de cuya profesionalidad y excelencia, tanto personal como intelectual, podrá beneficiarse de inmediato. Aprenda alemán mientras habla acerca de Jung y de Kant, mientras disfruta con la novena sinfonía de Beethoven, o mientras interactúa con títeres de Nietzsche, Gargantúa y Pantagruel. No se arrepentirá. Armand es un maestro en el más genuino y profundo sentido de la palabra.