Plantearía las clases de educación nutricional como espacios participativos, cercanos y aplicados a la vida diaria. Iniciaría cada sesión con una breve actividad de activación (pregunta guía, caso corto o situación cotidiana) que permita explorar conocimientos previos y motivar el interés. A partir de ahí, introduciría los conceptos clave de forma clara y breve, apoyándome en recursos visuales y...
Plantearía las clases de educación nutricional como espacios participativos, cercanos y aplicados a la vida diaria. Iniciaría cada sesión con una breve actividad de activación (pregunta guía, caso corto o situación cotidiana) que permita explorar conocimientos previos y motivar el interés. A partir de ahí, introduciría los conceptos clave de forma clara y breve, apoyándome en recursos visuales y ejemplos reales.
La metodología se basaría en el aprendizaje activo: promovería el diálogo, el trabajo en pequeños grupos y la resolución de problemas concretos, como interpretar etiquetas, planificar menús equilibrados o mejorar preparaciones habituales. Incorporaría talleres prácticos y demostraciones sencillas que faciliten la apropiación del conocimiento y su aplicación inmediata.
Durante la clase, mi rol sería de facilitadora, guiando la reflexión y fomentando que los participantes construyan sus propias soluciones según su contexto sociocultural y económico. Evitaría enfoques rígidos o prescriptivos, priorizando cambios progresivos y sostenibles.
Al cierre, incluiría un espacio de síntesis donde los participantes identifiquen aprendizajes clave y definan una acción concreta para aplicar en su vida diaria. Finalmente, integraría retroalimentación continua, tanto individual como grupal, para reforzar avances, resolver dudas y ajustar el proceso educativo según las necesidades del grupo.
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