La ansiedad, el miedo y la fobia infantil, ¿Cómo podemos diferenciarla, detectarla y afrontarla?

LA ANSIEDAD Y LOS MIEDOS INFANTILES

Cuántas veces hemos escuchado a nuestrxs hijxs decir:

- mamá / papá no quiero ir al cole, me duele la barriga,

- mamá / papá no quiero acercarme, ese perro me da miedo,

- no quiero ir a la habitación yo solo porque está oscuro,

- no quiero que el médico me pinche porque me va a hacer mucho daño…

¿Os suenan estas frases? Papás, mamás… ¡tranquilxs!. Como podemos ver los miedos, las preocupaciones y la ansiedad son experiencias comunes y normales en la infancia. En este post vamos a ver las diferencias entre miedo, fobia y ansiedad y vamos a resolver dudas sobre cómo podemos detectarlo desde casa y trabajarlo.

El miedo es una emoción universal, necesaria y adaptativa que aparece ante la sensación de amenaza, de peligro inminente, de sufrir un daño real o imaginario… tiene una función protectora y va apareciendo de manera progresiva a medida que los niños se van desarrollando y madurando a nivel cognitivo. De la misma manera, desaparecen conforme se van superando las diversas etapas del desarrollo. Podemos empezar a preocuparnos cuando esos miedos:

1.- Persisten más allá de la función evolutiva y adaptativa

2.- Aparecen en situaciones donde no hay un motivo real de alarma

3.- Interfieren de manera notable en el día a día de nuestrxs hijxs, provocando malestar e impidiendo que afronten diversas situaciones de su vida cotidiana, con la posibilidad de cronificarse hasta la edad adulta si no se resuelven a tiempo.

El miedo es un fenómeno propio de la infancia que posee un carácter evolutivo, el más temprano en aparecer es el miedo a la oscuridad, el cual surge a la edad de 2 – 3 años, junto con el miedo a separarse de los padres. Al igual que los adultos, los niños pueden experimentar miedos y síntomas relacionados con la ansiedad. En los miedos y en las fobias se experimenta ansiedad como una respuesta a esos temores. Muchas veces solemos confundir el miedo con una fobia porque los síntomas que aparecen son similares, podemos decir que las fobias derivan de miedos específicos básicos que no se han resuelto.

Hemos hablado de miedo, ansiedad, fobia… ¿cómo podemos identificar cada una?, ¿cuáles son los más comunes en la infancia?:

1.- El miedo se manifiesta de manera visible ante un objeto o situación que podemos identificar: perros, tormenta, oscuridad, agujas, insectos… Ejemplo: un niño que se esconde detrás del adulto cuando ve a un perro acercarse. Hablaremos de los miedos más comunes más adelante.

2.- La fobia se caracteriza por ser una reacción y un miedo desmedido e irracional ante un objeto o situación específica, por ejemplo: un niño de 7 años que necesita dormir con sus padres porque le da miedo estar solo en la habitación. Hablamos de fobia específica cuando el temor es hacia un objeto o situación específica, existen 5 tipos: animales, entorno natural (tormentas, agua…), sangre – inyección – herida, situación (avión, ascensor..) y otras (vomitar, atragantarse, personas disfrazadas…). Suele aparecer entre los 7 y 11 años y se considera patológica cuando persiste durante 6 meses o más. La fobia más común en la infancia es la animal. Otro tipo de fobia en este periodo de edad es la fobia escolar, ésta no existe como tal ni es una fobia específica, básicamente recoge los temores relacionados con el entorno escolar o síntomas y miedos que se manifiestan en otros trastornos como la ansiedad por separación y/o la ansiedad social. Suele aparecer entre los 5 y 7 años y puede persistir hasta la adolescencia si no se resuelve.

3.- Por último, la ansiedad es una experiencia más subjetiva ante un acontecimiento, objeto o situación, se experimenta con gran malestar y de manera interna a través de palpitaciones, sudores, mareo, hormigueo, pensamientos catastróficos… por este motivo lo que produce la ansiedad es más difícil de detectar que lo que produce el miedo. Un ejemplo muy común es el niño que empieza a dolerle la barriga y a vomitar antes de salir de casa o de camino al colegio. Cuando el miedo y la ansiedad que se experimentan son excesivos y persisten más allá de la etapa del desarrollo adecuada, se producen los trastornos de ansiedad. Los más frecuentes en la infancia y en la adolescencia son: Trastorno de ansiedad por separación en el cual los niños viven con mucha ansiedad y preocupación el hecho de separarse del hogar o de sus figuras de apego. Es el más prevalente en niños menores de 12 años, suele aparecer en edad preescolar y antes de los 18 años. Se considera trastorno cuando persiste durante más de 4 semanas en niños y adolescentes. Trastorno de ansiedad social o fobia social: cuando los niños experimentan con gran ansiedad y preocupación el hecho de tener que relacionarse con sus iguales o con los adultos, así como también situaciones de tener que hablar o actuar en público. Suele aparecer entre los 8 y los 15 años y se considera patológico si persiste durante 6 meses o más.

Establecer la frontera entre el miedo, la ansiedad y la fobia no siempre será fácil pues dependerá de factores como la edad, naturaleza del objeto o situación temida, frecuencia, intensidad, grado de incapacitación, etc.

¿Cómo saber si mi hijo/a está mostrando un miedo que es propio de su edad?. Estos son los miedos más comunes en la infancia por edades:

1.-De 0 – 6 meses a 1 año: el miedo empieza a experimentarse a partir de los 6 meses. Los miedos están programados genéticamente y poseen un valor adaptativo, ya que sirven para sobrevivir ante posibles amenazas o peligro. Tipos: estímulos extraños o violentos, pérdida de apoyo y soporte, desconocidos o extraños, separarse de los padres, alturas.

2.- De los 2 a los 4 años: en esta etapa es donde se inicia la evolución de los auténticos miedos infantiles y se intensifican los anteriores. Los temores van aumentando porque los niños empiezan a explorar su entorno. Empiezan a dar respuestas de evitación y de huida, corriendo al encuentro con sus padres. Los miedos irán desapareciendo progresivamente a medida que el niño crezca y se enfrente con ellos. Tipos: animales, caerse, oscuridad, ruidos fuertes, elementos extraños y cambios en el entorno, máscaras, separarse de los padres (miedo al abandono).

3.- De los 4 a los 6 años: se mantienen los miedos de la etapa anterior, aumentando la cantidad de estímulos que pueden generar miedo. El desarrollo cognitivo del niño ya le permite fantasear y ello hace que entren en escena los estímulos imaginarios. Aparecen situaciones de lo más variadas y pueden perdurar hasta la edad adulta. Tipos: ruidos fuertes (tormentas, relámpagos…) o extraños (producto de su imaginación), gente mala, alturas, catástrofes, oscuridad, seres imaginarios: fantasmas, monstruos, dormir o quedarse solos, daños o lesiones corporales.

4.- De los 7 a los 12 años: la capacidad cognitiva va aumentando y los miedos van adquiriendo mayor realismo y son más específicos. Van desapareciendo los temores a los seres imaginarios. Irán desapareciendo unos miedos y aparecerán otros en función de cómo hayan superado los pequeños obstáculos que se han presentado a lo largo de su corta vida. Tipos: animales, catástrofes naturales, daño físico/ heridas/enfermedad, muerte, hacer el ridículo, ser observado, colegio/fracaso escolar/suspenso/exámenes, miedos infundidos por los medios de comunicación, situaciones de conflicto entre los padres.

5.- De los 12 a los 18 años: disminuyen los miedos a los animales y estímulos concretos para dar paso a miedos relacionados con la autoestima y el autoconcepto personal y las relaciones sociales. El niño empieza a buscar su propia identidad y a probarse en diversas situaciones a veces arriesgadas. Tipos: temor al fracaso personal o escolar, temor al rechazo o aceptación por parte de los iguales, temor a los compañeros de clase, miedo a las críticas, temores relacionados con el aspecto físico.

¿Cómo puedo saber si mi hijx está experimentando síntomas de miedo o ansiedad?

Como bien sabemos, cada niño es único y cada uno lo va a experimentar y a expresar de una manera diferente y distinta al resto, no podemos comparar entre unos y otros. La sintomatología que van a mostrar es muy variada y diversa ante una misma situación, vamos a indicar las reacciones más comunes.

La premisa inicial es que debemos estar alerta siempre que observemos que empiezan a presentar un estado de ánimo y un comportamiento que no es el habitual, como por ejemplo que deja de hacer cosas que antes sí hacía con normalidad, es lo que llamamos evitación y es el síntoma más característico y llamativo del miedo y la ansiedad. Se empiezan a desarrollar así conductas de seguridad, como por ejemplo no ir a casa de un amigo porque va a dormir solo, esconderse ante un ruido extraño, no acercarse a los animales, dejar de relacionarse con los demás... desean constantemente escapar de aquello que les produce miedo o ansiedad. En el caso de que no evite y afronte esa situación lo hará con más miedo y temor de lo normal. En otras ocasiones pueden mostrar rechazo u oposición a las situaciones / estímulos que desencadenan el miedo, con llanto y rabietas. Muestran en general un comportamiento temeroso.

Otro tipo de respuesta que muestran es que empiezan a desarrollar un tipo de pensamiento catastrófico en el que predicen cosas que todavía no han ocurrido o es muy poco probable que ocurran, esperando siempre que ocurra lo peor en todos los casos. Pueden desarrollar pensamientos obsesivos y anticipatorios en los que predomina el peligro, el daño y la amenaza física.

A nivel físico pueden a experimentar un gran malestar sin causa aparente, haciendo referencias a lo que llamamos quejas somáticas, como por ejemplo: mareos, sudores, alteraciones del sueño, tensión muscular, palpitaciones, escalofríos, temblores, dolor de estómago, dolor de cabeza, hormigueo, calor….

Es decir, los síntomas se experimentan en tres niveles de respuesta: a nivel conductual, a nivel cognitivo y a nivel físico. Pueden mostrar los tres a la vez o experimentarlos por separado. Ese conjunto de respuestas es lo que hace que se condicionen las situaciones temidas y empiecen a tenerles cada vez más miedo. El mecanismo de defensa que adoptan es escapar y evitar esas situaciones por las sensaciones desagradables que experimentan, tornándose la situación en un círculo vicioso. Al no enfrentarse a ellas no desarrollarán estrategias de afrontamiento adecuadas y todo ello repercutirá de manera negativa en su desarrollo personal, en el ambiente familiar, en el rendimiento académico y en las relaciones sociales.

¿Qué podemos hacer para que nuestros hijos afronten los miedos?

En primer lugar, está demostrado que los niños imitan y copian el modelo de los adultos, por lo que como padres y madres debemos dar un modelo adecuado de afrontamiento ante situaciones que les puedan generar miedo e incertidumbre. Procurar en la medida de lo posible no lanzar mensajes alarmistas ni infundir miedos y evitar caer en la sobreprotección, porque todo ello impedirá que desarrollen unas estrategias adecuadas para afrontar las situaciones con las que se van a ir encontrando durante las etapas del desarrollo.

Lo fundamental es actuar a tiempo para que los miedos no vayan a más y podamos reconducir la situación, ¿qué estrategias podemos adoptar?

· Ponernos en el lugar de ellos es fundamental, escuchándoles y empatizando con ellos para entender qué piensan, qué sienten y por qué. Es muy importante que se sientan comprendidos y para ello debemos validar sus emociones y no criticar ni ridiculizar su miedo. Dar normalidad y naturalidad a la situación para poder reducir la tensión del momento y transmitir tranquilidad. Todo ello permite poder actuar para buscar soluciones adecuadas al problema. Lo que no debemos hacer es evitar aquello que produce miedo o no hablar del tema, tampoco forzar ni obligar a que haga aquello que no quiere hacer.

· Crear un espacio de confianza para hablar de las emociones y de los sentimientos en casa, mostrándole que los adultos también tenemos miedos o hemos tenido miedo en ciertas situaciones y que podemos hacerles frente. Debemos ser un ejemplo de serenidad y afrontamiento en esas situaciones.

· No sobreproteger evitándoles aquello a lo que temen o haciéndolo nosotros por ellos para que no sufran.

· Proponer pequeños retos ajustados al temor y a la edad del niño mediante juegos y reforzar de manera positiva con mensajes de ánimo y mostrando confianza en que lo superarán. Estos avances se darán de manera paulatina, por lo que no debemos dar importancia a los retrocesos sino fomentar la autoestima celebrando los pequeños pasos y avances que vayan dando, hacerles saber el gran esfuerzo que están haciendo. Respetar siempre su ritmo de avance.

· Hoy en día hay una amplia gama de cuentos, juegos y guías para padres que tratan de manera muy sencilla y didáctica esta temática y ofrecen estrategias muy prácticas para ir afrontando paso a paso las situaciones temidas. Algunos ejemplos para superar el miedo a la oscuridad son los psicocuentos (a partir de 3 años), por ejemplo: Álex en una misión secreta, que narra cómo el niño supera el miedo mediante el juego, o el cuento Tío Pies Ligeros, donde el protagonista actúa como modelo de afrontamiento. También es muy interesante la guía de Qué puedo hacer cuando me da miedo irme a la cama, que contiene actividades educativas para superar el miedo a irse a dormir.

· Practicar técnicas de relajación sencillas mediante la imaginación, como por ejemplo imaginar que su barriguita es un globo y se infla y se desinfla respirando y exhalando profundamente, o la relajación para niños de Koeppen, que consiste en relajar diferentes partes del cuerpo imaginando que es un limón, una tortuga, un gato…

· Fijarse en modelos que actúen de manera eficaz para que imiten la conducta adecuada, como por ejemplo, que vean cómo algunos niños de su edad afrontan de manera adecuada aquello que temen, es lo que conocemos como modelado. También es recomendable en los propios padres, que actúen como modelos adecuados de afrontamiento.

En cualquier caso, lo fundamental y lo más eficaz es la prevención dotándoles de recursos y habilidades necesarias para enfrentarse a esos miedos y resolverlos de manera satisfactoria. De esa manera impediremos que un miedo que en principio es evolutivo y adaptativo vaya a más y derive en una fobia o ansiedad patológica. Recurrir a la ayuda de un profesional en el caso que la situación empeore y no sepamos cómo gestionar.

Estas pautas son generales y deben ajustarse a la edad del niño y a sus características. Cuando los miedos son más severos, persistentes y alteran significativamente el funcionamiento del niño en su entorno familiar, escolar o social y ya no formen parte del ciclo evolutivo normal, se recomienda consultar siempre con un profesional de la salud.

Raquel Andrés Jiménez

Psicóloga General Sanitaria

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