La buena pedagogía tiene en cuenta los ritmos

Primero que todo quisiera saludar a todos los miembros y compañeros de este blog. Este artículo no pretende ser un ensayo, sino una humilde aportación luego de 6 años de intentar crecer y hacer de profesor particular.

Un hecho que seguro no ha pasado desapercibido para mis compañeros, es la importancia de respetar los tiempos de nuestros alumnos, sus necesidades académicas y personales, su situación familiar y complejidad psicológica, no verlos exclusivamente como clientes y aportarles no solo conocimientos teóricos sino vitales de forma que el momento de estudio y repaso extracurricular, sea un espacio de aprendizaje académico y vital, donde aprender no es una imposición sino una oportunidad dichosa.

Por nuestra parte como profesores particulares, complemento de sus maestros escolares y la tutela de sus progenitores, juega en contra el no saber encontrar la metodología adecuada que encaje con el temperamento de los chicos - inmutable a lo largo de toda su vida -, de un carácter incipiente y apenas forjado, de una madurez variable y como dije al principio, de una complejidad psicológica que a veces puede hacer nuestra labor realmente difícil.

Es por todo lo mencionado anteriormente, que no debemos rendirnos fácilmente o tirar la toalla rápida y negligentemente con un chico que objetivamente sea conflictivo o que le cueste concentrarse, sino verlo como un reto personal y vital donde los matices que aporta cada alumno pueden llegar a enriquecernos igual o más que a ellos.

En definitiva la actividad y labor del profesor o maestro es compleja, pero también increíblemente fructífera pues nos enseña y permite abrir los ojos a la relevancia que tiene la buena educación a la hora de formar ciudadanos responsables y honestos.

Con afecto y sinceridad, Alejandro Magro Romero

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