Compartir conocimientos, en mi caso marciales.

De lo que se trata es de eso, y eso resulta ser la meta. Alguna vez he leído que si tienes un “¿para qué?” claro en tu mente, y vuelves a acordarte de él cuando las cosas no vayan por donde pensabas o deseabas que fuesen, volverías a tener la motivación necesaria.

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Por otra parte, yo no puedo dar las claves ni argumentos necesarios para justificar mi enseñanza o la necesidad de mostrar lo que sé, ya que no soy maestro. Yo comparto.

Comparto lo que he aprendido con el que lo necesita o requiere al no tener ese conocimiento, y el porqué lo hago si que lo puedo explicar. Comparto porque me gustaría que más personas conocieran algo en lo que creo, su utilidad y para no ser el único que lo conoce siendo más enriquecedor si se comparte, ya que su práctica se puede hacer individual pero la perfección se consigue con compañeros, en este caso los del camino marcial.

El uno se ha de fundir con el todo para que haya un progreso natural y las partes mejoren, pero qué difícil es eso cuando estás aislado. Y en mi caso, lejos de la fuente de conocimiento que en su día me nutrió.

Y para hacerlo entendible y llano resumiré lo anteriormente dicho explicando mi experiencia.

Después de algunos años de práctica, en un gimnasio de una localidad costera en donde está muy afincado el estilo de arte marcial basado en la defensa personal que conozco, llego a la ciudad en donde resido, Girona. Tras indagar recorriendo los Dojo y gimnasios para ver qué podía practicar decido seguir en la práctica de ese estilo aunque tenga que desplazarme para ello casi una hora.

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Con el tiempo se ha mejorado la carretera reduciendo el tiempo en poco más de media hora, pero por contra por mi parte dispongo de menos tiempo para mí al aumentar mi familia.

Así, y aquí viene mi “¿para qué?”,en un momento dado elijo empezar a promocionar la difusión de dicho arte marcial de forma altruista, aunque movido por el deseo de que alguien más se aficione tanto como yo a dicha práctica y se una al desplazamiento en vehículo para practicarlo con mi maestro.

Pero a día de hoy, aparte de gente que ha probado una vez o hasta alguna persona que repitió 3 sesiones antes de dejarlo, me sigo encontrando que es como si no hubiera demanda de lo que comparto. Por más que lo haya publicitado, haya ofertado la práctica a través de asociaciones municipales, cívicas y la web cultural del ayuntamiento, o buzoneado a mi vecindario y puesto anuncios en los aparadores de las tiendas del barrio.

Y la verdad es que hay veces que pienso en abandonar, en que no tengo que seguir intentando algo que nadie me pidió y que me impuse yo mismo. Pero sí que hay algo del “¿para qué? que no sólo me afecta a mí, y es lo que puede que me motive de nuevo siempre otra vez más.

Es la creencia de que lo que yo puedo aportar es algo que seguramente sea superior a lo que se hace aquí, está claro que hay algunas opciones muy valiosas, pero por lo general es llamar defensa personal a un deporte de combate reglado o limitado por las normas para no dañarse físicamente los oponentes.

Tal cual, y yo he practicado anteriormente algún estilo de esa índole sin menospreciarlo, hay que llamar a las cosas por su nombre. No me parece bien que vendan humo queriendo hacer completo algo que no lo es, porque te puede ir la integridad física en ello.

Por eso, como el Kenpo me ha enseñado, hay que fluir y si no encuentro una forma he de buscar otra pero he de llegar a mi objetivo sin rendirme.

De esta forma me sincero en cada renglón de éste escrito para mostrar lo que sé, compartir, por encima de lo que se llama enseñar.

Como toda tradición valiosa, “Lo que no se comparte muere”, y el trabajo de toda una vida carece de sentido si no se pone al servicio de los demás.

Entonces, acompañame en el proyecto!!

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