La pregunta filosófica como introducción al pensamiento

Todos nos hemos preguntado alguna vez ¿quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Hacia dónde voy? Pero rara vez nos preguntamos sobre estas preguntas. ¿Qué significan? ¿Ppor qué doy las respuestas que doy? Esta pregunta de la pregunta es lo que hace a la filosofía, la tarea reflexiva por excelencia.

Pensar es detenerse, observar con atención y afinar la percepción de uno mismo y del entorno en que existimos. Para abrir el espacio al pensamiento necesitamos tiempo y ocio, alejarnos por unos instantes de la rutina diaria y poner entre paréntesis nuestras necesidades inmediatas para que aparezca en nosotros el aliento vital del pensar.

No se trata de una acción concreta o de preguntar por algo en particular, sino más bien de una actitud que nos pone frente a nosotros mismos y al mundo como observadores y protagonistas de nuestra historia. Tomar conciencia de este protagonismo y de nuestra responsabilidad para tomar las riendas de nuestras vidas es de lo que se trata la aventura filosófica.

Necesitamos un mapa que nosotros mismos vamos construyendo basados en la experiencia que nos brinda la propia expedición hacia los confines de nuestro ser y del universo. Las preguntas surgen como caminos posibles para investigar nuevos destinos, las respuestas a esas preguntas (aunque provisionales siempre) van mostrando por dónde avanzar y dónde cambiar de camino.

De manera que cuando preguntamos abrimos el espacio al pensamiento para que atraviese la realidad que se nos presenta como estable y determinada. Atrevernos a emprender este viaje intelectual es la disposición emocional del aventurero, del que busca sin saber qué respuestas va a obtener ni cómo.

La historia de la filosofía nos propone diferentes métodos, herramientas con las cuales construir nuestra propia vivienda filosófica, el lugar donde podemos sentirnos seguros en medio de la incertidumbre y el caos. Para romper con lo establecido y reorientar lo dado hacia lo desconocido, para guiarnos en la oscuridad está la luz de nuestro pensamiento.

La filosofía es la linterna con la que alumbramos nuestro camino y el de otros con la esperanza de encontrar siempre más luz que disipe las tinieblas.

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