No se trata de resolver problemas, sino de afrontarlos

Como estudiante que todavía soy y he sido durante los últimos casi 20 años de mi vida, me he encontrado con múltiples problemas en la enseñanza, pero uno que, para mi gusto, es garrafal.

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Empezando por el principio, primaria, una de las mejores etapas en cuanto a educación se refiere de nuestras vidas. Aprendemos lo imprescindible, llegamos a casa con ganas de sorprender a nuestros padres con lo que sabemos y nos sentimos realizados, y con ganas de volver a la escuela el día siguiente. Luego llega secundaria, donde se cometen demasiados crímenes contra el lienzo en blanco que todavía son las mentes de los que por allí pasan. En cuanto a educación bueno, daría para hablar largo y tendido en otro momento, porque es ciertamente triste.

De todos modos, a lo largo de estos dos periodos, en ningún momento se enseña al alumno a afrontar problemas, no se le enseña a aprender, se le enseña a solucionar problemas tipo que, en cuanto cambian un poco, vuelven loco hasta al que mejores notas saca de la clase. A lo largo de secundaria, especialmente, es una etapa maravillosa para enseñar a la gente a buscarse la vida, a enfrentarse a problemas y, en general, a madurar su capacidad resolutiva, y no se hace.

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Una vez estas personas ponen un pie en la universidad o en un ciclo y las cosas cambian, el sufrimiento es superlativo. Y no quiero incluir en ningún momento ni justificar a los pésimos profesores que en ambos sitios se puede uno encontrar, no, hablo de buenos profesor que se dejan la vida en su oficio, que hacen bien su trabajo pero que, de todos modos, son exageradamente criticados cuando plantean a los alumnos cuestiones nuevas, que requieren de usar más la cabeza que los apuntes. He visto a mi alrededor a mucha gente sufrir por estos motivos mientras podrían estar disfrutando del desafío, de rebuscar entre los conocimientos que tienen para, incluso filosofando, encontrar una respuesta a un problema nuevo, para el que a priori no sabemos la solución por no ser mecánica.

Sinceramente, este panorama siempre me ha resultado deprimente y es una de las cosas que yo personalmente siempre he intentado inculcar cuando algún compañero en la carrera no entendía algo y acudía a mí. Simplemente dar la respuesta a un problema es fácil y rápido, pero no es suficiente. Mañana otro problema se te planteará, un poco diferente, y estarás perdido.

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Es por todo esto, que siempre intento dejar algo más que la solución cuando enseño las cosas, que está muy bien aprobar y a veces es todo lo que queremos, lo entiendo, pero creo que el camino para crecer como personas no es ese, porque la vida no se basa en resoluciones mecánicas de los problemas que se plantean. Nunca ha sido así pero mucho menos en un mundo tan cambiante como este en el que vivimos. Yo, como informático que soy, admiro más a la gente que sabe hacer búsquedas eficientes en Google y centrarse en la información útil que la gente que se sabe el temario de cabo a rabo, por ejemplo. Y no es por quitarle mérito al último, pero todo el mundo, con más o menos tiempo, es capaz de leerse 300 páginas y memorizar la mayoría de su contenido y eso, en el día a día, no vale para nada.

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