"Estudiar" el piano: ¿cómo conseguir placer en el aprendizaje musical?

Muy a menudo cuando escuchamos la palabra estudiar dentro del ámbito educativo y más concretamente en el estudio de un instrumento podemos obtener unas reacciones muy diferentes por parte de los estudiantes:

  1. el que lo ve como un reto
  2. el que lo entiende como único camino a seguir porque lo dice el profesor
  3. el que lo ve como la forma "natural" puesto que siempre ha sido así

Seguramente habrá más posicionamientos que estos que nombro aquí, pero en mi experiencia como profesor son los que a menudo me he encontrado. Observando estas tres posiciones (pensamientos) podemos ver que el primero nos puede interesar a los profesores puesto que detrás se puede encontrar un alumno/a con ansias de mejora, pero el hecho de vivirlo como un reto, que nos puede motivar a corto plazo, nos puede hacer pasarlo bien? Yo creo que no, porque el objetivo de pasarlo bien, no es el objetivo principal de un reto, sino sería el de conseguir (¿a toda costa?) lo que nos hemos propuesto. Así pues, creo que estaríamos todos los docentes de acuerdo que plantear ciertos retos (mesurados y acordes al nivel del estudiante) pueden ser motivadores, pero hemos de tener en cuenta que el estudio del piano no contempla conseguir los objetivos, al menos los “grandes[1]”, a corto plazo, sino más bien a media/largo plazo, por tanto, la práctica educativa pianística que contempla el uso del los retos tiene una vida corta en lo que se refiere a conseguir los “grandes” objetivos debido a que se suelen alargar en el tiempo y mantener las “ganas” del estudio a largo plazo pensando que se conseguirán los retos propuestos es casi una utopía.

En el segundo punto nos encontramos aquel estudiante que cree en la palabra del profesor y no se plantea reflexionar sobre ello, simplemente lo dice (profesor) y se hace (alumno/a) en consecuencia. Hoy en día, la fe ciega en un docente es muy difícil de encontrar puesto que implica que éste, por algún motivo emocional o curricular, ha conseguido llegar a la parte más interna del estudiante impresionándolo (por currículum del profesor o por sus habilidades pianísticas) o bien haciéndole sentir (emoción) que con él conseguirá los objetivos que se proponga. En todo caso, sólo el tiempo (a medio/largo plazo) puede responder si va por buen camino en su formación pianística siendo difícil de evaluar que hubiera pasado si estuviera recibiendo clases de otro profesor/a.

Por último, nos encontramos el que entiende el aprendizaje musical como que se debe de “machacar” estudiando y repitiendo patrones para conseguir aquello que se ha propuesto, una posición no muy sana para el cuerpo y la mente.

Así pues, la idiosincrasia que envuelve la palabra estudiar no nos ayuda, al menos en un primer momento, a encontrar placer. Teniendo en cuenta, pues, que un aprendizaje musical requiere de constancia y de un tiempo a medio/largo plazo para conseguir ciertas habilidades, ¿cómo se puede obtener si en cada sesión el estudiante escucha la palabra estudiar? Y eso teniendo en cuenta que seguramente no sólo estudia piano o música en general, sino que también idiomas, va a un centro educativo (¿colegio, universidad?), etc. Y, por tanto, debe de escuchar esta palabra por doquier.

He observado durante las clases que dónde el estudiante espera que le diga estudiar si lo cambio por la palabra entrenar, de repente se le abren los ojos a un mundo totalmente desconocido e imaginativo, puesto que se trata, al igual que se haría con un deportista, de personalizar su entrenamiento y, estaremos de acuerdo que no tiene el mismo significado la palabra estudiar en los alumnos (que puede dar repelús en ciertas circunstancias) que la palabra entrenar que se suele relacionar con el deporte y, también, con retos y constancia, aspectos que nos pueden interesar para motivar a los alumnos a medio/largo plazo.

Evidentemente, las palabras por sí solas no pueden hacer lo que hace un buen profesor acompañando al estudiante en su (largo) camino hacia la buena gestión musical/pianística, pero en ciertos momentos, si mesuramos determinadas palabras, nos pueden ayudar a que el camino del aprendizaje musical sea más placentero.

Autor: Jordi Lalanza (director de orquesta, compositor y pianista)

[1] Como pudieran ser explorar los caminos para llegar a emocionar a los oyentes, gestionar adecuadamente el discurso musical o dominar distintas maneras de tocar para crear paletas sonoras, por ejemplo.

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