Los efectos de la COVID-19 en la educación

El propósito general de este artículo es reflexionar sobre cómo han vivido los profesionales de la educación la primera fase de la pandemia, desde el pasado mes de marzo hasta la finalización del curso 2019-2020.

Generalmente, el pasado mes de marzo supuso un cambio importante en la forma de concebir la vida para muchos de nosotros, especialmente en la manera de dar las clases .La pandemia originada por el COVID-19 ha provocado una disrupción masiva global, lo que ha llevado a un bloqueo simultáneo de todas nuestras actividades cotidianas.

Según datos del Ministerio de Educación y Formación Profesional hay más de 750.000 educadores en este sector y mas de 9 millones de estudiantes afectados. La labor desempeñada por los educadores (de todos los niveles educativos) durante los meses de confinamiento ha tenido un alto impacto emocional.

Los docentes han sufrido de forma silenciosa y en muchos casos anónima una presión social derivada del cierre de centros educativos, de la necesidad de adaptación urgente y el uso de las nuevas metodologías docentes online. Sin embargo, a los profesionales de este sector no se les han reconocido su esfuerzo y dedicación, a diferencia de lo que han vivido otros profesionales, como por ejemplo los del sector sanitario.

Los problemas psicosociales de estrés o burnout, a consecuencia de toda esta situación es un sujeto de conversación constante. Muchas investigaciones indica que las áreas más afectadas por el estrés lo tienen las administraciones, las instituciones y las empresas a las que prestan sus servicios estos profesionales.

Trabajar mucho o hacerlo en condiciones poco óptimas no es estresante por sí solo, o como máximo, supone un tipo de desgaste del que es relativamente fácil sobreponerse. En cambio, hacerlo de forma sostenida sin que la organización adopte soluciones para mejorar los recursos con los que cuentan los profesionales sí que es a consecuencia de toda esta situación

Considero que en toda esta situación de crisis sanitaria que estamos viviendo, poco se ha cuidado a otro colectivo para mí muy importante, los y las educadoras de nuestros progenitores. Creo que, pasada la primera fase de colapso y desorientación, entramos en una nueva etapa de la pandemia, en la que tendremos que aprender a convivir y adaptarnos a una nueva realidad.

¿Seremos capaces de aprender algo y evitar una próxima crisis de estas características? Las personas aprendemos cuando somos capaces de identificar elementos significativos, interiorizarlos y aplicarlos en el futuro en nuevas situaciones. Algunos pronósticos predicen que, con el inicio del nuevo año escolar, pueden ocurrir nuevas situaciones de confinamiento.

¿Cómo afectará esta nueva situación a los profesionales de la educación? ¿Serán más resilientes o, por el contrario, mostrarán más signos de estrés y/u otras enfermedades psicosomáticas? Sin duda, nos esperan unos meses intensos en los que debemos estar alerta y seguir adelante con las adaptaciones a cada nuevo método de protección que salga.

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