Mi experiencia como profe de inglés en Fundación Vicente Ferrer

Jamás olvidaré aquel email de Jose Antonio Hoyos en el que me decía que había plaza para una profesora de inglés a partir del mes de mayo. No podía creerlo, ¡tan sólo un día después de haber enviado mi solicitud!

La Fundación Vicente Ferrer fue fundada en India hace más de 50 años por el jesuita catalán que le da nombre, Vicente Ferrer. Eran tiempos difíciles en los que él supo ser fiel a su propósito. Gracias al apoyo incondicional de Anna, sorteando obstáculo tras obstáculo, consiguieron crear un estado dentro de Andhra Pradesh.

Nuestro gran Vicente nos dejó desgracidamente hace ya 11 años, el 19 de junio de 2009. Fue tras su muerte que Anna, su esposa, tomó el relevo, y dentro de poco será su hijo Moncho quien tome el timón del barco. He tenido la enorme suerte de conocerles a los dos últimos. Para mí Anna Ferrer es un ejemplo de sabiduría y amor incondicional sin límites, sin lugar a duda una gran maestra.

El haber trabajado como voluntaria en la Fundación, en India la llaman RDT (Rural Development Trust), ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida, no sólo por el intercambio cultural, sino también por la calidad humana de los miembros de la fundación y de mis alumnas. ¡Las amo! He aprendido tanto o más de ellas que ellas de mí. Empecé dándoles clases de inglés, todo un reto sin precedentes para mí, mezclando imágenes con gestos y chapurreando Telugu-English.

Mis alumnas padecían discapacidad física en su mayoría debido al polio, aunque algunas habían sido víctimas de accidentes y heridas mal curadas por falta de conocimientos básicos. Cosas tan normales para nosotros como el saber que si tienes una herida puede llegar a infectarse si no la tratas de inmediato, allí no son tan obvias. Allí se va al curandero del pueblo y a ver qué pasa. Cuando la pierna ya está gangrenada van al médico, en cualquier caso un gasto astronómico para sus familias. Esto fue lo que le ocurrió a Paddu quien, a pesar de haber perdido su pierna siendo ya adulta, no pierde su sentido del humor y su teatralidad, haciendo reir a las compañeras siempre que tiene ocasión.

Dos de las chicas tenían discapacidad auditiva, Anitha y Shameem, mujeres valientes y trabajadoras como nadie, dignas de admiración, ejemplos de fortaleza y determinación para mí. En un mundo donde al tener deficiencias psíquicas o físicas te relegan al olvido, te marginan en tu propia casa, te maltratan, mis alumnas eran las “afortunadas” en muchos casos, o al menos eso me decían, que sus padres las trataban bien.

Tuve ocasión de comprobar esto de primera mano cuando Lucky, pseudónimo de Lakshmi, me invitó a pasar un día en su village. Allí le recibió su padre con ojos cristalinos de emoción pues hacía semanas que no veía a su adorada hija. Su madre, sus hermanos, sus vecinos...todos estaban allí para recibirnos como si fuéramos celebrities.

A partir del mes de agosto empecé a dar clases de Soft Skills, habilidades blandas, tales como comunicación, liderazgo, gestión de conflictos, gestión del tiempo, entre otros. Fue hermoso poder usar mis conocimientos de fotografía terapéutica con las chicas para aumentar su autoestima. Todas quedamos encantadas con el resultado.

¿Qué me llevo? Sobre todo el amor incondicional de mis chicas. Nos enamoramos las unas de las otras.

De la mano de la Fundación, y con el inglés como excusa, pude conocer una nueva realidad, muy dura, cruel y desgarradora, pero allí donde el sufrimiento se hace patente por todos los rincones, es donde nacía una mayor compasión. Nosotras, como occidentales, nos sentímos tan afortunados de vivir donde vivimos, de haber nacido en España o Australia, y ser conscientes de las grandes desventajas que ellos sufrían, sobre todo las mujeres y las personas con discapacidad, impensable para nosotras hoy en día. Y no es que en Occidente seamos perfectos, pero somos muy afortunados de tener techo y comida todos los días, de poder tener una sanidad pública y acceso a la educación independientemente de si eres niño o niña, de tener derechos....Pero hay que mantenerlos, ¡luchar por protegerlos!

Gracias India, gracias FVF, gracias Jose, gracias Anna, por darme la oportunidad de vivir esta experiencia de vida inolvidable y de valor incalculable.

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