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Convierte a tu Estrés en tu Aliado y no en tu enemigo

La palabra estrés forma parte de nuestro vocabulario del día a día, como algo normal, y hasta cierto punto refiere una forma de vivir que nos resulta interesante.

Empleamos la expresión “estoy estresado” para significar “estoy ocupado y mucho”.

Tengo mucho por hacer, incluyendo en el hacer: trabajo, estudios, fiestas, reuniones sociales, deportes, ocio.

Es en este sentido que una vida estresada la vivimos en general mejor que una vida desocupada, tranquila, aburrida.

Aunque también “estoy estresada” significa estoy agobiada, estoy afrontando situaciones que me llevan al límite.

Hablamos entonces de dos tipos de respuestas al estrés

  • la respuesta positiva al estrés, llamado eutrés. Nos predispone para la acción y para realizar lo que esté en nuestra mano respecto a la situación que vivimos.

Por ejemplo, reaccionar con calma, buscar posibles soluciones, buscar los apoyos necesarios, reforzar nuestra salud mental y emocional, respirar.

  • Y la respuesta negativa de estrés, llamada distrés, en el caso de que generemos una interpretación que no nos beneficia respecto de lo que nos sucede y respecto de la respuesta que tenemos que dar.

Cuando pese a las señales de alerta que nos manda nuestro cuerpo, como resfriados, gripes, dolores de cabeza, torceduras, herpes, mal humor, queja constante, seguimos con la misma tónica de vida, y con idénticas respuestas físicas-emocionales-mentales.

Estas dos respuestas se relacionan especialmente con la percepción de lo que sucede, nuestro estado de salud y la actitud que ofrecemos ante la situación. Volveremos sobre esto más adelante.

Históricamente, el concepto de estrés lo introduce por primera vez Hans Selye en el año 1936 quien lo define como la respuesta adaptativa del organismo ante los diversos estresores.

Etimológicamente, viene de la palabra griega stringere y significa provocar tensión.

Hans Selye lo denominó “Síndrome general de adaptación” y comprende varias fases:

  • la primera fase es de alarma: el cuerpo-mente detecta el estresor

  • la segunda fase de adaptación: el cuerpo-mente reacciona

  • la tercera fase de agotamiento: si el estresor se prolonga, el cuerpo-mente se agota y se genera el desequilibrio.

Yo añadiría la cuarta fase de re-equilibrio, cuando la reacción del cuerpo-mente cesa y se permite el descanso, dando paso a la función homeostática del sistema cuerpo-mente.

¿Sabemos qué efectos producen en nuestro sistema cuerpo-mente las reacciones derivadas de las respuestas positivas o negativas a las situaciones de estrés?

¿Y conocemos qué mecanismos naturales de acción re-equilibrante tiene nuestro propio sistema mente-cuerpo?

Los científicos nos dicen que el organismo humano se encuentra en estado de estrés mínimo.

En principio, el estrés es un mecanismo de protección.

El organismo genera las reacciones fisiológicas precisas para activarse de acuerdo con los requerimientos de la situación.

El sistema nervioso que actúa es el autónomo simpático.

Pone al cuerpo en alerta y dispuesto para la acción.

Y se encarga de llevar más sangre a los músculos, acelerar los latidos cardíacos, activar la producción de glucosa, activar las glándulas sudoríparas.

Llevando al cuerpo-mente a un nivel de máxima eficacia y máxima capacidad de actuación.

Cuando el simpático se activa implica mayor nivel de atención; el organismo cuerpo-mente entra en estado de alerta.

Lo importante que hemos de saber es que el sistema simpático se pone en funcionamiento ante lo que nosotros “tomamos como" una situación de estrés.

Él no distingue si la situación de estrés es real o ficticia.

Su función es colaborar con nosotros cuando le damos la orden. Y la orden la damos a veces de manera inconsciente o automática.

¿Y de que depende que demos la orden al simpático? Depende en especial de cómo catalogamos la situación que se nos presenta.

Suelen considerarse situaciones desencadenantes de estrés:

  • Cambios en el estilo de vida o en el trabajo: cambios de domicilio, matrimonio, nacimiento de un hijo, separación o divorcio, incorporarse a un nuevo trabajo, ser despedido, entre otros.

  • Sobrecarga de trabajo

  • Autoexigencia: metas excesivamente elevadas, mantener un ritmo de vida acelerado, excesiva competitividad en ambiente, situaciones frustrantes.

  • Estimulación ambiental excesiva, no hay tiempo para el descanso.

  • Situaciones en las que peligre la integridad o la seguridad de la persona: violencia doméstica o de pareja, cuidado de personas dependientes si no se cuenta con ayuda, soledad en la vejez.

  • Estresores vitales: fallecimiento de un ser querido, divorcio, problemas económicos graves, despidos, embarazo no planeado, etc.

Como podemos inferir, y si repasamos nuestras vidas, toda vida humana en mayor o menor grado, pasa por situaciones de estrés.

Dicho de otro modo, por el hecho de estar vivos, vamos a tener que afrontar situaciones variadas, muchas de las cuales nos van a exigir cambios.

En el cómo catalogamos la situación que se nos presenta y hemos de afrontar, entran en juego factores individuales de la persona: su biología y psicología.

Las respuestas que damos van a venir propiciadas por diversas causas:

  1. Por nuestro nivel general de salud y bienestar, y ¡claro está! no hablamos sólo de salud física, hablamos también de salud emocional-mental.

  2. Por las creencias que albergamos en nuestro interior, o dicho de otro modo, por lo que pensamos -más bien interpretamos- sobre lo qué son las cosas y situaciones para nosotros.

  3. Lasimágenes que atesoramos en nuestro consciente y en nuestro subconsciente.

  4. Y por la actitud que tenemos ante la vida en general.

Las circunstancias que atravesamos son importantes, por descontado.

Sin embargo, más decisivo que éstas es la manera en la que interpretamos, pensamos y sentimos acerca de lo que nos ocurre,

Y más decisivo aún el modo en cómo respondemos.

Esto es lo que más afecta a nuestra perspectiva y a la aparición o no de una experiencia de estrés con sus correspondientes respuestas corporales-mentales-emocionales.

Se dice que las circunstancias más estresantes son las imprevistas, las que se nos presentan como contrariedades, aquellas en las que no hemos pensado ni previsto.

Sin embargo, si volvemos a la lista de situaciones desencadenantes de estrés más arriba, y somos un poquito observadores, vemos que en nuestras vidas o las de nuestros familiares, amigos, vecinos, estas situaciones son una constante del día a día.

A todos nos ocurren cosas muy parecidas.

No podemos evitar las situaciones que tenemos que vivir, porque tarde o temprano, creo que todos los seres humanos, tenemos que afrontar momentos de estrés.

Pero lo que sí podemos hacer es prepararnos para esas situaciones.

Veamos un ejemplo.

Tres personas viviendo una misma situación y orientándola con tres actitudes distintas.

Juan, Laly, y Simón.

Los tres están afrontando un despido de trabajo.

  • Juan: ante el anuncio del despido se siente enfadado, se queja de que es una situación injusta, tiene familia, le costó mucho conseguir este trabajo, le cuesta adaptarse a situaciones nuevas, y piensa que todo está muy difícil. En consecuencia, empieza a costarle coger el sueño, por las mañanas se siente desorientado, tiene dolores de cabeza y su estado de ánimo se resiente.

  • Laly: se ha quedado un poco triste ante la noticia, le gustaba mucho su trabajo. Se despide agradecida por la experiencia y así lo manifiesta a jefes y compañeros. Se toma unos días de reflexión, consulta páginas de psicología para aprender a afrontar estas situaciones y decide tomar acción en positivo. Se apunta a unas clases de Mindfulness pues ha escuchado que optimizan la capacidad del cerebro de encontrar el equilibrio y disponer de más energía, y decide también realizar tres veces en semana ejercicio al aire libre. En consecuencia, tiene buenas herramientas para reaccionar a la situación que le exige una mayor demanda.

  • Simón. Lleva dos años practicando Mindfulness. Una de las enseñanzas que ha aprendido es que en la vida lo más normal es que sucedan cambios. Ahora esto le ha sucedido a él, por lo tanto, aún sintiendo penilla por tener que cambiar de trabajo, acepta la situación como un reto para mejorar profesionalmente. Se toma una semana de descanso durante la cual se cuida cada día su cuerpo-mente con buena alimentación, ejercicio, descanso, meditación, y salidas con amigos que hacía tiempo no veía, y decide que tomará un curso para complementar su formación y de este modo poder optar a nuevos puestos de trabajo.

Podemos tomarnos las situaciones como retos que nos impulsen a encontrar lo mejor de nosotros a nivel físico, mental y emocional.

O, por el contrario, verlas como amenazantes, como una dificultad, algo negativo.

En el segundo caso, hablamos de distrés, y tal vez desarrollemos algunas de estas condiciones:

  • A nivel emocional: ansiedad, irritabilidad, miedo, fluctuación del ánimo, confusión, turbación.

  • A nivel mental: autocrítica excesiva, dificultad para concentrarse y tomar decisiones, olvidos, preocupaciones por el futuro, pensamientos repetitivos, excesivo temor al fracaso.

  • A nivel de conducta: tartamudez u otras dificultades del habla, llantos incontrolables, reacciones impulsivas, risa nerviosa, trato brusco a los demás, rechinar los dientes, apretar las mandíbulas, aumento del consumo de tabaco, o alcohol, y otras drogas, mayor predisposición a accidentes, aumento o disminución del apetito

  • A nivel de nuestro cuerpo: músculos contraídos, manos frías o sudorosas, dolor de cabeza, problemas de espalda o cuello, perturbaciones del sueño, malestar estomacal, gripes, infecciones, fatiga, respiración agitada o palpitaciones, temblores, boca seca, herpes, psoriasis.

Lo primero y más cercano a nosotros, es observar nuestro comportamiento y nuestras reacciones.

¿ Qué pensamientos y sentimientos genera en nosotros la situación que vivimos?

¿Estamos teniendo algunos de los efectos citados más arriba?

Si se trata de una situación nueva para nosotros, tenemos que darnos la oportunidad.

De seguro, encierra un aprendizaje. Y nos permite entrar en contacto con partes nuestras que hoy por hoy desconocemos.

¿Tenemos idea de las herramientas que nos puedan ayudar a permanecer equilibrados, resilientes para afrontar la situación nueva?

Y en el caso de que nos falten herramientas ¿sabemos que podemos solicitar ayuda? o investigar leyendo, por ejemplo, artículos como éste.

Prestar más atención a cómo nos cuidamos en el día a día y ello a todos los niveles de nuestra existencia: física, emocional y mental, puede ser una decisión real-mente importante.

Unos buenos cuidados son señal de inteligencia y de respeto.

De modo que ¿por qué no prepararnos?

¿Por qué no aprender herramientas para gestionar temas personales y sociales que nos afectan a todos y por los que todos en determinados momentos tenemos que atravesar?

De momento, este trabajo nos toca hacerlo de modo personal, y los que ya lo hacemos ir preparando a nuestros hijos.

Ni desde las aulas, ni desde otras instituciones se trabajan las fortalezas mentales y emocionales que nos ayudarían a enfrentar las situaciones de cambio con un talante positivo.

Si trabajamos nuestras fortalezas, nuestro conocimiento, descubriremos que en cierto modo, no nos asustarán los problemas, los retos.

Pues estaremos más preparadas, más preparados para afrontarlos con las herramientas internas que los seres humanos ya poseemos.

Sin embargo, estamos muy conectados a los acontecimientos externos, y permanecemos como desconocidos, desconocidas a nosotros mismos.

Sin saber apenas nada del funcionamiento de nuestros cuerpos-mentes.

Pensando que el aspecto salud es un asunto de la medicina y de las diversas terapias.

Y sí, son asuntos suyos, pero la otra cara de la moneda de la salud somos nosotras mismas, nosotros mismos.

Para recobrar el sentido común y volvernos parte de la ecuación de la Salud se hace preciso observar.

Recuperar nuestra preciosa sensibilidad, conocer la gran riqueza de nuestro funcionamiento mente-cuerpo.

Las Estrategias que se han comprobado que son eficaces y que tu misma, tu mismo, con tu sentido común, puedes decidir si te convienen o no a ti, son:

  • Relajarse

  • Hacer ejercicio

  • Dieta saludable

  • Ser asertivo

  • Organizar el tiempo

  • Mantener expectativas realistas

  • Compartir tus emociones

  • El cultivo de la meditación o atención plena

  • Cuidar los asuntos de nuestro corazón.

Puedes pensar ahora, reflexionar, haciéndote unas preguntas.

Te animo a que tomes una libreta o algo donde poder contestar a estas preguntas; las respuestas te servirán de guía para elaborar un plan para el crecimiento de tu bienestar mente-cuerpo.

De manera que cuando surjan situaciones en tu vida que te demanden un extra de tu energía, conocimiento, tiempo, puedas dárselo, sin estresarte.

Vamos allá:

¿sabes algo de las estrategias eficaces para apoyarte en situaciones de estrés?,

¿cuál de ellas conoces mejor?

si las has practicado, o conoces a alguien que las practicara ¿qué resultados dieron?

¿Cuáles tienes incorporadas a tu vida? ¿ Te funcionan?

En el caso de respuesta afirmativa, ¿siempre te funcionan o hay un momento cuando dejan de hacerlo?

¿Qué situaciones te despiertan el estrés negativo, porque te sientes desbordada, desbordado por las mismas?

¿Qué sensaciones, y pensamientos acompañan a tales momentos?

¿Qué soluciones aportas en tales casos?

Espero que este artículo te haya servido para darte cuenta de si tus respuestas a la vida te generan distrés y sus consecuencias, y tomes la decisión de aprender a generar respuestas que te lleven a la salud más que a la patología.

La reducción del estrés basada en la Atención Plena es una estrategia que ayuda a cientos de personas mejorando problemas de salud tanto a nivel mental-emocional como físico.

Incrementando su resiliencia para enfrentar situaciones futuras.

Te animo a que contactes conmigo para una clase gratuita!!!!

Gracias por estar aquí.

Laura

Profesora de Mindfulness y Yoga

Investigadora y Escritora

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