La voz: un instrumento demasiado personal

Hace unos días me pusea reflexionar a cómo llegué a tener la voz que tengo, a la que le sigo poniendo desafios para no estancarme y seguir aprendiendo.

Bajo ese momento de reflexión llegué a la conclusión que no soy esa niña que empezó con una ilusión, sino que el hecho de abrir el espacio para cantar, me dio mucho más que una bonita voz.

La voz, ese instrumento que sale de lo más profundo de nuestro ser, habla de nosotros, nos desnuda o bien nos muestra tal y cómo somos. Pero para ello, debemos encontrar nuestra propia voz, nuestros propios matices, investigar hasta dónde puedo llegar hoy y a dónde podré llegar mañana.

Me resulta sumamente interesante saber que no hay un límite, más que aquel que yo me ponga. Y me pregunto, por qué nos limitamos? Preferimos imitar a otras voces antes de sacar la nuestra propia? Nos hemos acostumbrado a qué voces son lindas y cuáles creemos que no, aunque ambas estén afinadas? Dónde está el sentir de cada voz? Dónde está lo que no es usual?

Así me surgieron muchas preguntas, pero hubo algo en concreto que hizo que todo cambiara. Después de muchas profesoras, métodos y técnicas, me encontré con una profe de canto lírico y psicóloga a la vez. Con ella encontré y desaté algunos de los bloqueos y ahora tengo herramientas para seguir con mi propio trabajo.

A veces me dicen que el canto lírico es limitado, que todo tiene que sonar muy puro. Mi respuesta es que de la pureza se encuentran luego los matices personales, los que son únicos para ti. Claro que lleva un poco de estudio llevar la canción a tu terreno, pero puedo asegurarte que es algo que vale la pena.

Cuando esa canción llega a tu terreno, todo vibra, todo tu cuerpo, la sensación es de completa libertad y todo eso que surja está bien, más que bien! Me gustaría poder buscar más palabras para describir eso que alguna vez sentí por primera vez, que desafió y tiró varios muros de prejuicios.

En mis clases de canto, yo quiero que lo sientas, quiero que lo vivas. Es mi motivación para seguir adelante con mi propia voz, que lleva años buscándose y que ha crecido mucho pero que, seguro, tiene mucho más para dar.

Te invito a soltarte... ¿Te vienes?

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