La eterna soledad del profesor particular

La música es una de las disciplinas más inspiradoras para un profesor de entre todas las que existen, no cabe ninguna duda. Pero no todo es oro lo que reluce.

Empieza a dar clases particulares

En esta primera entrada de mi blog me propongo analizar de una forma un poco crítica, pero a la vez amigable, la difícil situación que vivimos los profesores que, por alguna circunstancia, nos ha tocado vivir de las clases particulares, concretamente en la rama de la música.

  • En primer lugar y algo muy importante: no hay obligación, por tanto, no hay prioridad. Matemáticas, Inglés, Física y Química... se trata de un sinfín de asignaturas que para los padres es necesario reforzar con un carácter mucho más prioritario que las relacionadas con la música. Es cierto que también existen otros perfiles, adultos en su mayoría, cuyo único placer es compartir un rato de música con ciertos profesores "afortunados" entre los que no me encuentro yo, por cierto.
  • Precios por los suelos: ¿tanto vales, tanto cobras? Para conseguir alumnos, en ocasiones es necesario bajar los precios de forma exagerada. Eso implica reducir el valor que le da la sociedad a tu trabajo como profesor particular y eso, a la larga (o quizás no tan larga) nos afecta a todo el gremio.

Cómo conseguir alumnos a los que dar clases particulares
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  • Por último, lo que le da el título a la entrada: la eterna soledad. En un mundo extremadamente competitivo, el profesor particular (y más concretamente el de música) se siente sin herramientas, más allá de su habitación, su piano (ya con muchos años, por cierto), su libreta de música y su lápiz. ¡Vale...! Es cierto que en este momento me he puesto un poco más melancólico porque en realidad hoy día disponemos de muchos recursos a nivel digital y muy potentes. Pero eso no quita que nos sintamos bastante desprotegidos en especial a nivel legal, dado que mantener un ritmo de ingresos alto es casi imposible con el montón de gastos que se generan mes a mes.

A pesar de lo anterior, estoy convencido de que la pasión y la emoción por enseñar música supera con creces todos estos problemas. Si no fuese así, ¿cómo podría estar yo aquí compartiendo con el mundo este pequeño artículo? Así que toca remangarse, seguir "buscando la vida" y completar el horario de clases lo más pronto posible, porque me temo que todavía tengo muchos huecos.

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